Renta fija: oportunidades y reajustes en el segundo trimestre tras un arranque de año inesperado
Pedro del Pozo (Mutualidad)

A las puertas del segundo trimestre del año, la renta fija vuelve a situarse en el centro del interés inversor, en un entorno que, si bien está siendo diferente al anticipado, comienza a ofrecer puntos de entrada especialmente atractivos.
En términos generales, la deuda pública europea, tras las últimas caídas, representa una oportunidad de inversión extremadamente interesante para el inversor de renta fija. Esta corrección en precios ha mejorado significativamente la ratio rentabilidad-riesgo, especialmente en activos de elevada calidad crediticia.
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En contraste, la deuda estadounidense presenta un panorama más incierto. La posibilidad de una mayor inflación en EE.UU., fruto de la política arancelaria y la mayor actividad económica derivada de las proyectadas bajadas de impuestos, nos lleva a ser cautos con estos activos. Tan solo una fuerte caída de la inflación —que podría deberse a un estancamiento o recesión de su economía— nos haría reconsiderar esta posición.
En el ámbito de la deuda privada, los diferenciales de crédito se mantienen muy estrechos, lo que, en muchos casos, no compensa adecuadamente el riesgo asumido frente a la deuda pública. En este contexto, preferimos bonos corporativos de calidad, con rating de grado de inversión. En la medida en que los mercados de renta variable puedan mostrar algo más de debilidad, es muy posible que el contagio se traslade también a los diferenciales de crédito, abriendo así oportunidades de inversión más claras en este segmento.
Por su parte, los fondos monetarios, junto con depósitos y letras del Tesoro, han sido los grandes beneficiados de la etapa reciente de tipos altos. Sin embargo, a medida que las curvas de deuda comiencen a normalizarse, este tipo de instrumentos irá perdiendo atractivo en términos de rentabilidad. En otras palabras, el inversor deberá buscar rentabilidad en tramos más largos de la curva o explorar alternativas en el mercado de crédito a corto plazo, como los pagarés de empresa. Esta exposición puede canalizarse mediante fondos de renta fija a corto plazo o productos con vencimiento definido y carteras cerradas de activos.
Este posicionamiento inversor se entiende mejor si analizamos lo ocurrido durante el primer trimestre del año, caracterizado por un comportamiento que, en muchos aspectos, ha desafiado las previsiones iniciales. Contrariamente a lo que parecía que iba a ser la norma de los mercados tras la victoria en las elecciones de noviembre de Donald Trump, la deuda pública estadounidense ha registrado un comportamiento favorable en valoración, mientras que las deudas europeas han retrocedido con fuerza en ese mismo ámbito.
En un primer momento, parecía lógico suponer que las medidas arancelarias y el impulso fiscal previstos por la nueva administración estadounidense provocarían un repunte de la inflación y, con ello, tensiones al alza en los tipos de interés en Norteamérica. Sin embargo, lo que hemos visto ha sido justo lo contrario: el temor a un estancamiento, e incluso a una recesión en la economía estadounidense, ha empujado a la baja las rentabilidades de su curva de deuda, generando revalorizaciones en los bonos del Tesoro.
En Europa, la situación ha evolucionado de forma diferente. La idea inicial de una mayor relajación monetaria —derivada de un menor crecimiento y una inflación más moderada— ha colisionado con una nueva realidad: el incremento del gasto en defensa, impulsado por la coyuntura geopolítica actual, está generando una expectativa clara de mayor endeudamiento público en los países de la Unión. Este factor está provocando una caída en la valoración de los bonos, al aumentar la presión sobre los emisores soberanos europeos.
A pesar de ello, la tendencia macroeconómica de fondo —con crecimiento moderado e inflación en vías de contención— continúa siendo positiva. Esto permite que los inversores en bonos europeos puedan volver a entrar en activos de calidad a niveles de rentabilidad más atractivos de lo inicialmente previsto.
En resumen, nos encontramos ante un inicio de año distinto al esperado, marcado por la disrupción que está generando la política económica del nuevo inquilino de la Casa Blanca, y por una reconfiguración del mapa de riesgos y oportunidades en los mercados de renta fija. En este entorno, el inversor disciplinado y con visión estratégica encontrará, especialmente en Europa, oportunidades interesantes para construir posiciones en activos que, más allá de las tensiones coyunturales, mantienen fundamentos sólidos.