“Merece tu sueño”

. Octavio Paz

L de Libros

Acertada recopilación de la editorial La línea del horizonteLa aventura vivida y pensada

Reflexiones en torno a la idea de lo extraordinario

Un libro que se titula «La aventura» es una provocación. Vemos la palabra escrita y ya nos bailan las piernas. Pero conforme avanzamos en su lectura, nos invade el gusto por quedarnos en el sillón, hacer pausas para levantar la mirada y reflexionar sobre La aventura: justo una idea.

Este libro es una reunión de autores que han escrito sobre la aventura. La selección es un acierto porque hay aventureros del pensamiento, de la historia, de la filosofía o de los de mochila al hombro. Así el recorrido aborda todos los aspectos de la idea.

Con ser muy variadas las contribuciones, no se hacen desiguales, sino complementarias. Es verdad que destacan algunos textos sobre otros, como los extractados del filósofo Vladimir Jankélévitch, con sus verdades, su humor y sus exquisitos análisis sobre la aventura del amor, la de la muerte, la de vida. Jankélévitch diferencia entre el hombre aventurado, que «representa un verdadero estilo de vida» y el hombre aventurero, «un profesional de las aventuras», alguien para quien «lo fundamental no es correr aventuras, sino ganar dinero». Para él, la incertidumbre es el ingrediente principal del concepto: «Una aventura en la que tuviésemos asegurado ya de entrada que saldremos bien librados, no sería en absoluto una aventura».

Durante siglos, la aventura fue casi solo masculina. Pero para que no pensemos que lo sigue siendo, también están contribuciones como las de Patricia Almarcegui, profesora y escritora, que sabe que «la mujer que viaja no es peligrosa», y que nos recuerda que Alepo no siempre fue una escombrera. La ciudad que añoramos era un lugar hermosísimo donde podíamos comprar los mejores jabones y pasear saboreando helados de pistacho.

Isabel Soler, experta erudita en literatura de viajes de los siglos XV al XVII, también profesora, ensayista y escritora, narra las peripecias de aquellos marinos que sufrieron las mayores penalidades en naves y naufragios para descubrirnos los nuevos mundos y las rutas para llegar hasta ellos en una época, eso sí, en que las mujeres no tenían otro papel que el de figurar en las ensoñaciones del aventurero protagonista, en el mejor de los casos.

En esta edición de La línea del horizonte, a cargo de Pilar Rubio Remiro, podemos leer también sobre exploradores que se dejaron la vida en el intento porque probaron la droga de las regiones polares, la aventura en extremo, aunque, al fin y al cabo, es como la vida misma, que ya sabemos que nunca tiene un buen final.

La idea que nos ocupa aparece enriquecida en esta recopilación porque la ven ojos muy diferentes. Fernando Savater ironiza sobre autores que afirmaron que «la mejor aventura es la que se vive en zapatillas y bien arrellanado en un sillón» (Pierre Mac Orlan), porque la narración de la aventura constituye un ingrediente esencial de ella. No hay nada como vivir para contarla a nuestros nietos, una vez en casa, a salvo de peligros.

Interesantísimo el capítulo del historiador francés Sylvain Venayre sobre La Belle Époque de la aventura y su análisis de las novelas del género como vehículo de aprendizaje para los jóvenes de una época.

Y junto a las aportaciones de eruditos y grandes novelistas, como Joseph Conrad, no podía faltar la contribución del viajero Javier Reverte, con el que muchos nos identificamos cuando afirma: «El colegio era la peor de las torturas que sufrí en mi niñez y, quizás, en toda mi vida». De ahí, quizá, su pasión por escapar.

La aventura: justo una idea nos muestra que en toda experiencia aventurera podemos vivir o morir, tener éxito o fracasar; mientras que la rutina solo puede matarnos. Por eso amamos la aventura.

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